El socialismo o la idea socialista desde sus orígenes nacen enraizados a una aspiración igualitaria, de la postulación de contenido ético de la igualdad universal entre los hombres. Lo propio del socialismo –se ha dicho- es la justicia, generalmente expresada en una sociedad en la que no tenga concreción la división entre poseedores y desposeídos. Los primeros socialistas modernos, representantes del socialismo utópico, se limitaron a imaginar una sociedad de iguales situadas en un limbo extrahistórico. En cambio, el socialismo científico de Marx y Engels, pretendió superarlo con la fórmula de la lucha de clases, la destrucción de las relaciones de producción capitalista y la desaparición del estado. Pero, la historia se ha mostrado demasiado escurridiza para dejarse atrapar por cualquier sistema teórico.
Lo demás es conocido, el socialismo que ha existido hasta ahora se ha mostrado ineficiente en la producción de riqueza -condición esencial para hablar de distribución-, incluso la URSS, pese a un prometedor despegue con éxitos en la carrera espacial y armamentista, termino por hundirse en la cerrazón de su economía estatizada y colectivista. En contraste, la verdadera revolución económica empezó para China sólo cuando se despojó de las rémoras del Maoísmo y se abrió al capitalismo y a la economía de mercado con transnacionales incluida.


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